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Nuestro objetivo es ascender al pico Mangart, en los Alpes Julianos, esta vez acompañados de nuestro perro Ibo. Desde el inicio de nuestra estancia en Eslovenia el tiempo nos sonríe: cielos despejados, estabilidad y una visibilidad excelente. Justo el tiempo que uno desea para una ascensión de alta montaña.

Vimos el Mangart por primera vez desde el pueblo de Log pod Mangartom, donde nos alojamos. Su maciza cumbre domina toda la zona y ya desde lejos queda claro que nos esperan vistas por las que merece la pena madrugar.

La carretera del Mangart

Log pod Mangartom está muy cerca de la carretera del Mangart, así que a primera hora subimos por su estrecha y serpenteante traza hasta el aparcamiento situado a unos 1 900 m s. n. m., poco antes del collado Forcella della Lavina. Sabíamos que, debido a daños en la vía, no era posible llegar en coche hasta el collado, y así fue.

Dos consejos útiles:

  1. Si llegas antes de las siete de la mañana, te libras del peaje de acceso a la carretera, que es de 10 euros y se paga al inicio.
  2. Antes de ir, comprueba el estado de la carretera, sobre todo a principios de verano, cuando puede estar cerrada por nieve.

La propia carretera del Mangart es una experiencia en sí. Es la carretera más alta de Eslovenia, construida en 1938. Te esperan infinidad de curvas cerradas, varios túneles, pasos estrechos y vistas que, para quien sufra de vértigo, pueden resultar por momentos incómodamente expuestas. Aun así, las vistas merecen mucho la pena.

El ascenso en condiciones ideales

Empezamos a subir desde el aparcamiento mencionado. La ruta continúa por asfalto hasta el collado Forcella della Lavina, a unos 2 000 m s. n. m. Luego, los primeros tramos del itinerario siguen un sendero cómodo que va pegado a la frontera entre Eslovenia e Italia.

Luego el itinerario se divide. Puedes elegir una vía ferrata por la vertiente eslovena, más exigente, o —como hicimos nosotros— la ruta normal italiana. También en ella hay tramos equipados con cables de acero, pensados, sobre todo, para superar pasos delicados con mal tiempo. Salvo por un sector más expuesto justo al inicio, toda la ascensión es segura y está bien señalizada. Como estábamos a principios de verano, encontramos algunos neveros, pero se podían rodear fácilmente o quedaban en zonas relativamente llanas.

Con cada metro ganado el paisaje se abre y las vistas se multiplican. Hacia el lado italiano destacan los lagos Laghi di Fusine. Al frente, a lo lejos, asoma también el techo de Eslovenia —el Triglav (2864 m s. n. m.)—, perfectamente reconocible.

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Mangart con perro

Optar por la llamada ruta normal italiana fue un acierto. Es el itinerario de ascenso más sencillo y, salvo pequeños contratiempos, se puede hacer también con perro. Ese fue precisamente uno de los motivos para elegirla, y no nos arrepentimos ni nosotros ni Ibo. Eso sí, no hay que olvidar el equipo básico, para ti y para el perro: llevábamos una correa larga de senderismo, un arnés, agua suficiente y algún snack.

Durante gran parte de la subida Ibo pudo seguirnos suelto, sin correa. En los tramos más comprometidos preferimos atarlo. Solo tuvimos que cargarlo en brazos dos veces, y fueron pasos muy cortos. Al final, lo que más le molestó fueron las muchas moscas en la misma cima del Mangart, a la que, por cierto, llegamos sin estrés, con total tranquilidad y con un tiempo perfecto. Desde la cumbre los fondos de los valles quedaban por momentos casi 2 000 metros por debajo, y los Alpes Julianos se despliegan en todas direcciones.

Bajamos por el mismo camino y, como es lógico, a un ritmo más vivo. Ibo, eso sí, iba aún más rápido. Para que no se nos fuera demasiado decidí ponerle la correa. Eso, más tarde, hizo que, por su empeño en ir muy por delante, se lastimara las almohadillas en las piedras.

Para evitar más daños, en los tramos más delicados del descenso lo metí en la mochila. Suena quizá a locura, pero ya me había visto en una parecida. Iva se llevó las cosas de la mochila y dentro fue Ibo. El único que acabó quejándose fui yo: esos 11 kilos extra se notan en los hombros al instante.

Al final todo salió bien y completamos ascenso y descenso sin más complicaciones. Volvimos al coche con la satisfacción de una ruta preciosa y vistas memorables.


Datos sobre el Mangart

Altitud: 2 679 m s. n. m.
Macizo: Alpes Julianos
Ubicación: frontera entre Eslovenia e Italia
Relevancia: cuarto pico más alto de Eslovenia
Terreno: alpino, rocoso y por momentos expuesto
Con perro: posible por la ruta normal italiana con buenas condiciones
Mejor época: junio – septiembre (según la nieve)
Riesgos: cambios rápidos de tiempo, viento, neveros a comienzos de verano