
Por la mañana
Despertamos en nuestro alojamiento con encanto, en lo alto de las montañas, al borde de la Knuckles Conservation Forest. Desayunamos con vistas a las plantaciones de té y a la selva que nos rodea. Desde el fondo del valle nos llegan los rezos matinales de la aldea de Bambarella. Podríamos quedarnos aquí un buen rato, pero el plan del día es la caminata The Knuckles Five Peaks hike.
Las webs de los guías locales que ofrecen esta ruta apenas dan detalles, así que preparamos nuestro propio plan con la poca información disponible. Lo que más nos ayuda son los mapas, que muestran que desde nuestra zona, concretamente desde Knuckles Waterfall (aproximadamente 1 300 m s. n. m.), parte un sendero hacia la cima de Knuckles. Nos acercamos a la cascada en nuestro tuk-tuk.

La carretera es bastante cómoda hasta más o menos la mitad; después empiezan los tramos de tierra y algún que otro vado que hay que cruzar. En un punto donde la pista describe una curva cerrada decidimos aparcar el tuk-tuk y seguir a pie. Aunque luego vemos algún tuk-tuk que ha subido más, la decisión parece acertada: la pista se empina y está muy deteriorada por las últimas lluvias.
Tras media hora de caminata llegamos al inicio real de la ruta. Hay una caseta donde un empleado del parque cobra la entrada. A señas le preguntamos por la dificultad y, por sus gestos y palabras, entendemos que vamos bien y que la caminata será una gran experiencia.
A los pocos metros el sendero se separa de la pista y se adentra en la vegetación. El inicio está bastante encharcado, pero pronto cambia y avanzamos entre una maleza densa y cerrada. Reviso varias veces el mapa en el móvil para confirmar que vamos por el buen camino: la vegetación parece empeñada en tragarse el sendero.
A los pocos minutos la ruta empieza a acercarse a un arroyo y finalmente desemboca en la cascada Knuckles Waterfall. Es una caída pequeña, con el agua deslizándose por una pared de roca. Cabe imaginar que en época de lluvias esto debe de ser mucho más impresionante. Por desgracia no faltan las huellas de visitantes poco cívicos: basura en la orilla de la poza a la que cae la cascada.
Contratiempos
Busco por dónde sigue el sendero y no lo encuentro. Al cabo de unos minutos sospecho que nos hemos saltado el desvío correcto. Volvemos sobre nuestros pasos y examino con atención si asoma la continuación entre la maraña. Y entonces pasa: algo me pica en la pantorrilla. Miro de cerca y, para mi susto, es una sanguijuela aferrada a la piel. Me la quito rápido y nos revisamos mutuamente. No es un ejemplar aislado: hay bastantes, y algunas ya avanzan por la ropa buscando un hueco hasta la piel. Por suerte los dos llevamos pantalón largo.
Nos ayudamos a quitarnos estos bichos desagradables y ajustamos la ropa para ponérselo más difícil a las siguientes sanguijuelas.
Acelero la búsqueda del sendero y, unos 100 metros antes de la cascada, encuentro un desvío discreto que sube con fuerza en la dirección correcta. Es realmente poco visible, y por ahí continuamos.
Subida
El sendero cruza varias veces un arroyo cercano. Pasarlo no es complicado, ahora no baja mucha agua, pero encontrar la continuación al otro lado no siempre es evidente. Todo lo vivimos aún con la reciente experiencia de las sanguijuelas en la cabeza: consideramos que las zonas de agua son las más propensas. No nos detenemos, seguimos en movimiento y nos revisamos el calzado con frecuencia.
Poco a poco nos alejamos del arroyo y el camino gana pendiente en un terreno más seco y herboso. El bosque se abre y nos alcanzan los primeros rayos de sol. Tras media hora salimos a un claro y hacemos la primera pausa. Ya hemos ganado altura y empiezan a abrirse las vistas del entorno.
Tras un breve descanso seguimos por un sendero bien marcado y subimos hacia el límite del bosque. Volvemos a entrar en vegetación más tupida. En esta parte el camino ya es bastante evidente. Al avanzar hay que vigilar la cabeza: si eres alto, es fácil golpearte con las ramas.
El mapa dice que avanzamos bien y que ya hemos superado la mitad del recorrido hacia la cumbre. Tras otra media hora llegamos al punto donde se une el sendero que sube desde la aldea de Thangappuwa. A partir de aquí la ruta se empina de verdad; por momentos conviene apoyarse en los árboles y las rocas.
La vegetación sigue bloqueando las vistas, así que agradecemos dar con un afloramiento rocoso junto al sendero. Se sube fácil y permite asomarse al paisaje. Aun así, las nubes que van entrando poco a poco en los valles limitan parte del panorama.
En la cumbre sobre las nubes
Seguimos y por fin nos cruzamos con la primera gente que baja. Nos dicen que ya nos queda muy poco hasta la cumbre. Con ese ánimo continuamos y, tras superar dos pequeños collados, alcanzamos la cima.
Es aquí donde por fin dejamos atrás la vegetación densa y se abren vistas preciosas en todas direcciones. Y tenemos suerte: hemos subido por encima de un mar de nubes que, mientras tanto, ha cubierto todo alrededor. El escenario recuerda a una clásica inversión térmica. Las nubes quedan a unos 100 metros bajo nosotros, el sol aprieta y disfrutamos de un descanso bien merecido en la cumbre.

La calma se rompe al poco con la llegada de una pareja de turistas con su guía local. Son de Bélgica y nos ponemos a charlar. Nos cuentan que las sanguijuelas aquí son de lo más habitual, no solo en los arroyos sino prácticamente en toda la hierba. La mejor protección, dicen, es el clásico Dettol: hay que untarse las piernas, la ropa y el calzado. Su guía nos lo aplica en la ropa amablemente y al instante nos sentimos más tranquilos.
Aunque hemos llegado al final del sendero oficial, la cima de Knuckles, a 1 863 m s. n. m., según el mapa queda un poco más al norte. Y de hecho, desde donde estamos se ve un camino que cruza el collado y recorre la arista hasta un pico vecino. Aunque ya voy algo cansado, me animo a explorarlo. La traza está menos pisada y el guía local me advierte de que ya no es un sendero oficial. En pocos minutos cubro ese tramo sin dificultad y me planto en la cima. Está prácticamente a la misma altura que el punto donde termina el sendero oficial y las vistas son muy parecidas. Empiezo a entender por qué la mayoría no se desvía hasta aquí.
Regreso
Nos quedamos en la cima bastante rato, gracias al buen tiempo, pero al final las ganas de una gran cena nos empujan a desandar el camino. De vuelta nos cruzamos con varios grupos que suben. Somos (como casi siempre) los únicos sin guía. En un momento dado eso molesta a uno de los guías que acompaña a un grupo de Países Bajos. Nos suelta un breve sermón sobre que no deberíamos hacer lo que estamos haciendo. Es evidente que a los guías locales no les hace gracia que la gente venga sin ellos: es negocio que se les escapa. Todo ello, por supuesto, envuelto en otros argumentos. En fin, le escuchamos con educación y seguimos a lo nuestro. Ya por terreno conocido, el regreso fluye: en poco tiempo estamos de vuelta en el tuk-tuk y, después, en el alojamiento. Qué cena… pero esa ya es otra historia.
Datos prácticos de la caminata The Knuckles Five Peaks hike
Ubicación: Knuckles Conservation Forest, centro de Sri Lanka
Cordillera: Knuckles Mountain Range (Dumbara Kanduvetiya)
Punto más alto de la ruta: cima del Knuckles – aproximadamente 1 863 m s. n. m.
Desnivel: aprox. 500–600 metros (según el punto de inicio)
Longitud: aproximadamente 7–8 km (ida y vuelta)
Tiempo estimado: normalmente 4–6 horas
Dificultad: física de media a alta; técnicamente sencilla
Señalización: escasa o inexistente
Tipo de terreno: selva, arroyos, tramos embarrados, crestas herbosas, bosque
