Este artículo también está disponible en otros idiomas:SlovenčinaFrançaisEnglishDeutsch

Viajar con el perro en coche hoy nos resulta de lo más normal. No fue así al principio. Como en casi todo con un perro, la clave fue la paciencia, la habituación gradual y adaptarnos a sus necesidades. Ibo hoy aguanta largos desplazamientos sin problema, pero llegamos hasta ahí a base de muchos trayectos cortos, de prueba y error, y de ir encontrando lo que mejor funciona para él —y para nosotros—.

Acostumbrarse poco a poco al coche

También en nuestro caso los comienzos fueron prudentes. Pequeños recorridos por la ciudad, escapadas al bosque cercano o a sitios donde le esperaba un buen paseo fueron la mejor manera de que Ibo asociara el coche con algo positivo. Con el tiempo fuimos alargando las salidas y hoy un traslado de varias horas ya no le supone un problema.

Lo importante fue no tener prisa. Primero solo subir al coche y quedarse un rato, luego un trayecto corto y, más adelante, trayectos largos. Gracias a eso, hoy no percibe los viajes como algo estresante, sino como una parte natural de nuestra rutina.

Cómo gestionamos la seguridad durante el viaje

La seguridad del perro en el coche es un tema que no se puede pasar por alto. Aunque confesamos que a veces pecamos y, en traslados muy cortos dentro de la ciudad, lo llevamos sin ningún sistema de sujeción, nunca nos quedamos del todo tranquilos. Esa sensación es para nosotros la señal más clara de que no es una buena idea.

En trayectos largos, sujetarlo correctamente es para nosotros algo incuestionable.

Cesta textil para el coche

Lo que más usamos es una cesta textil en los asientos traseros. Es práctica, protege el interior del coche y, además, le da a Ibo un espacio bien delimitado en el que se siente cómodo. La cesta va anclada a los asientos y permite sujetar al perro por el arnés.

Esta solución nos funciona especialmente bien en viajes por carretera y en desplazamientos largos, cuando Ibo pasa la mayor parte del tiempo tumbado tranquilo o atento a lo que ocurre alrededor.

Entre sus ventajas: es ligera y ocupa poco al plegarse. Su mantenimiento es muy sencillo: basta con sacarla del coche de vez en cuando y meterla en la lavadora. Lo que más nos gusta quizá es poder mantener el contacto con el perro durante la marcha. Desde el asiento del acompañante lo tenemos siempre a la vista y bajo control, y podemos reaccionar rápido ante cualquier imprevisto.

También existen soluciones similares pensadas para el maletero de los coches familiares. Muchos modelos de cestas son modulares y permiten varios ajustes: reducirlos a medio tamaño o dividirlos con un tabique en dos partes, de modo que se puedan llevar dos perros sin que compitan por el espacio.

Jaula de transporte

Usamos la jaula de transporte sobre todo en la época en que estábamos acostumbrando a Ibo a ella. No solo por los viajes en coche, sino también como preparación para volar: en su caso, la jaula es imprescindible para ir en avión.

Gracias a ese trabajo hoy no la percibe como algo negativo, sino como un refugio seguro. Aunque en el coche la usamos menos, en determinadas situaciones —por ejemplo, en desplazamientos muy largos— sigue teniendo su papel.

La gran ventaja de la jaula es, sin discusión, la seguridad. El perro viaja en su propia ‘fortaleza’, algo inestimable en caso de accidente. Pero también tiene una desventaja: es voluminosa y pesada, y en viajes largos a menudo nos ha resultado un estorbo. Hay que contar con ella durante toda la estancia.

BorderCooler®— requisitos de viaje con perro

¿Estás planeando un viaje al extranjero con tu perro? Comprueba los requisitos de entrada a distintos países directamente en BorderCooler®.

Viajo con mi perro desdehasta
8,800+ combinaciones de países|298 autoridades veterinarias|212,000+ normas|¿No encontró su destino?

El equipo que llevamos

Para los trayectos largos siempre preparamos para Ibo un kit básico sin el cual no salimos.

Imprescindibles:

  • suficiente agua y sus cuencos de viaje,
  • comida o premios,
  • collar, arnés y correa para los paseos durante las paradas,
  • collar luminoso,
  • una esterilla (mejor si es absorbente) o una manta,
  • bolsas para las heces y, si hace falta, toallitas húmedas.

Para que no se aburra, en la cesta le dejamos también su juguete favorito. Un detalle así puede hacer mucho más llevadero un viaje largo.

Mareo en el coche

También pasamos una etapa en la que Ibo lo llevaba regular en el coche. El mareo, la salivación excesiva o el nerviosismo no son raros en los perros, sobre todo cuando son jóvenes.

A nosotros nos funcionaron unas pautas sencillas: no darle de comer justo antes de salir, conducir de forma suave y hacer paradas regulares. Con la experiencia, los problemas fueron desapareciendo y hoy prácticamente no tenemos mareos.

Si aun así los problemas persisten, merece la pena consultarlo con el veterinario.

El perro en el coche sin supervisión: un error frecuente y peligroso

Nos parece importante llamar la atención sobre un fallo bastante común que vemos tanto en carretera como en aparcamientos: dejar al perro en el coche sin supervisión.

Aunque pueda parecer que es solo una parada rápida, hay varios riesgos. Sin su dueño cerca, el perro puede ponerse nervioso y estresarse: lloriquea, intenta salir de la cesta o se comporta de forma imprevisible.

El cambio de temperatura dentro del coche, imposible de controlar, es otro riesgo importante. Con el calor del verano —y también en días fríos a pleno sol— el interior puede calentarse o enfriarse muy deprisa. En situaciones extremas, tanto de calor como de frío, puede llegar a ser literalmente mortal.

Por último, un perro sin supervisión puede salir de la cesta y meterse en otras zonas del habitáculo, con riesgo de hacerse daño o de dañar el propio vehículo.

Siempre que podemos, no lo dejamos solo en el coche. Y si no queda más remedio, debe ser algo absolutamente excepcional y por un tiempo muy corto.

Conclusión

Viajar con el perro en coche forma ya parte de nuestra vida. No siempre es perfecto y a veces hay que hacer concesiones, pero la experiencia nos ha enseñado que la seguridad y el bienestar del perro deben ir siempre primero.

Si el perro se acostumbra al coche poco a poco, tiene su propio espacio y viaja cómodo, el trayecto deja de ser una fuente de estrés para convertirse en tiempo compartido que ambos podéis disfrutar.