
Pasear al perro en Europa tiene reglas claras. Parques, correas, áreas cercadas, vacunas obligatorias y un control relativo sobre lo que ocurre a tu alrededor. Cuando surge un conflicto entre perros, por lo general es entre dos propietarios que intentan resolver la situación.
Al llegar a Sudamérica comprobamos muy pronto lo que ya intuíamos: aquí la realidad de los paseos es distinta.
Aquí pasear no siempre es ordenado ni sencillo. Los perros se mueven sueltos, muchos sin collar y algunos ni siquiera tienen dueño en sentido estricto. Este entorno pone a prueba tu paciencia y tu preparación, y deja claro hasta qué punto controlas a tu perro. Ibo pasó por encuentros con perros domésticos (y otros animales), perros callejeros e incluso pequeñas manadas.
No fueron escenas de terror, pero sí momentos que nos enseñaron otra clase de vigilancia. Y también nos demostraron que, muchas veces, es la intervención del propio dueño la que provoca un conflicto innecesario.
La correa: ¿sí o no?

Un matiz para empezar. A nuestro perro, Ibo, desde cachorro lo hemos acostumbrado a pasear sin correa. Obedece (casi siempre) a las órdenes ‘ven’, ‘siéntate’, ‘quieto’ y ‘no’. Se maneja bien en las situaciones habituales de calle, parque o bosque.
Esa forma de ser se refleja en los consejos que damos más abajo. Tómalos siempre pensando en tu perro y adáptalos a su carácter, experiencia y nivel de obediencia.
Si tienes un perro muy bien educado, capaz de manejar situaciones de crisis, podrás permitirte más que nosotros. Pero también vale lo contrario: si no te obedece, te cuesta cruzar con él una avenida concurrida o reacciona mal al encontrarse con otros perros, esas carencias solo se amplificarán al cambiar de país.
Encuentros con perros “domésticos”
Si hablamos de encuentros con perros domésticos, es justo empezar por Paraguay. Fue allí donde más paseamos a Ibo en zonas donde se cruzaba en la calle con perros acompañados por sus dueños.
En las zonas más seguras de las ciudades, la experiencia se parecía mucho a Europa. La mayoría de los dueños pasean por las calles del barrio, normalmente con correa, y los perros están acostumbrados a ello.

Tuvimos muchos cruces e interacciones. Aunque Ibo a veces intentaba mostrarse dominante (al fin y al cabo es un terrier), nunca llegamos a un conflicto serio.
Una experiencia similar tuvimos en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. El centro es un hervidero: calles estrechas y avenidas saturadas que prácticamente exigen correa siempre. La cosa cambia a pocos kilómetros, con barrios más modernos y parques de distintos tamaños. Hay menos tráfico y las calles secundarias permiten pasear con relativa calma, incluso sin correa.
En ambos países, sin embargo, todo cambia al moverse hacia barrios periféricos o menos desarrollados.
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Perros callejeros
En Paraguay y en Bolivia la presencia de perros callejeros forma parte del día a día, sobre todo en la periferia urbana y en el campo.
Algunos perros tienen dueño, pero se mueven solos y totalmente sueltos. Otros son los típicos callejeros sin dueño.
Su comportamiento varía. Abunda la territorialidad alrededor de una casa o de toda la manzana, los ladridos constantes desde patios y detrás de verjas, o salidas repentinas a la calle desde un portón abierto. También son habituales pequeñas manadas de dos a cuatro perros que patrullan su zona. Junto a ellos, te cruzas con animales tímidos y esquivos que prefieren apartarse y no buscan conflicto.
El ambiente, sencillamente, no es el de Europa. Vas por la calle y, de pronto, se abre un portón o sale un grupo de perros desde la esquina. A veces se queda en ladridos; otras, en una acometida rápida hacia ti.
A nosotros nos ocurrió de verdad una vez, precisamente cuando llevábamos a Ibo con correa. De un portón salió un perro mucho mayor, claramente territorial. Todo pasó en segundos: atacó a Ibo y no me quedó otra que interponer la pierna para separarlos. En cuanto notó que tenía las de perder, se dio la vuelta y corrió de regreso a su casa.
Suena caótico e imprevisible. Aun así, durante una estancia relativamente larga viajando con perro en dos países sudamericanos, lo superamos sin un solo daño serio.
Estas son algunas pautas básicas que a nosotros nos han funcionado:
Spray como respaldo
Lleva un spray disuasorio para perros. Nunca tuvimos que usarlo, pero da tranquilidad saber que tienes un recurso para un caso extremo.
Usa la correa con criterio
Si tu perro está bien educado y la situación lo permite, valora si la correa es siempre imprescindible. La correa lo limita y, en ciertos momentos, le quita margen para reaccionar de forma natural. Tirar de ella en una crisis suele tensar aún más la escena.
Revisa el equipo
Mantén a punto el equipo de tu perro. El collar debe quedar bien sujeto. Si usas un collar de adiestramiento, que esté cargado y operativo. Ten el spray a mano y aprende a usarlo.
Mantén la calma
Mantente sereno incluso cuando la situación se ponga fea. Tu perro capta enseguida tu inquietud. No todo momento tenso exige gritos y pánico: resuélvelo con más cabeza que emoción.
Prepárate para el conflicto
Asume que a veces es imposible evitarlo. Mantén a tu perro en buena forma y con las vacunas al día. Ten un plan de a dónde ir en caso de herida o complicación.
Evita las zonas de riesgo
No busques problemas. Recorre antes la ruta sin el perro si hace falta. Evita áreas conflictivas o muy caóticas. Si entras en una zona donde no te sientes seguro, da la vuelta y regresa por un camino conocido.
Presta atención al entorno
Mantén el control de lo que ocurre a tu alrededor y de los posibles riesgos. Muchos problemas se evitan simplemente cruzando a la otra acera.
Lugares de riesgo
Evita puntos con basura u otras fuentes de comida fácil para perros. Son imanes naturales para las manadas.
Para elegir un parque u otra zona adecuada, apóyate en internet. Lee reseñas y busca experiencias de otros viajeros con perro.
Bolivia: literalmente a otra altura
En Bolivia, además de Santa Cruz de la Sierra, pasamos mucho tiempo en el Altiplano – en ciudades como Uyuni o San Pedro de Quemes, y sobre todo en pueblos y aldeas de esta gran meseta.
Los perros aquí llevan una vida muy distinta a la que imaginamos en Europa: diferencias térmicas extremas entre el día y la noche, falta de alimento regular, clima duro (sequedad y viento) y la altitud extrema.

La mayoría de ellos se mueve por las calles durante el día, tengan o no tengan dueño. En nuestra experiencia, estos perros nos parecieron más bien tranquilos y poco conflictivos.
Allí vimos con claridad que los perros locales viven su auténtica vida de perros. Tienen instintos muy activos y afinados que les permiten sobrevivir. Su interacción con Ibo fue natural, a menudo juguetona. El mayor conflicto que vivimos fue el lenguaje corporal inequívoco de un perro que, simplemente, no quería saludar a Ibo.
Riesgos sanitarios que no conviene subestimar
En los encuentros de tu perro con los locales, en Sudamérica conviene pensar también en la salud. Mientras que en Europa nuestros animales suelen estar bien atendidos, aquí no siempre es así.
De entre muchos riesgos, estos son los más habituales.
Rabia
En algunas zonas sigue presente. Las vacunas de tu perro deben estar al día y, si hace falta, poder demostrarse.
Parásitos
Pulgas, garrapatas y parásitos internos son más comunes que en Europa. La protección regular es imprescindible. La prevención es medio camino ganado.
Leishmaniosis
En ciertas regiones es un riesgo real. La prevención es clave. Existe vacuna, pero es un tema complejo. Como alternativa, los collares contra los insectos vectores ayudan, aunque no ofrecen una protección total.
Mordeduras e infecciones
En clima tropical, incluso una herida pequeña puede infectarse rápido. Limpieza y control son fundamentales.
¿Qué nos dejó todo esto?

Como se dice, lo que no te mata te hace más fuerte. Así fue para nosotros. Al principio teníamos nuestras reservas, pero resultó que incluso un entorno tan caótico como Sudamérica se puede gestionar con perro y, de paso, es una gran escuela.
Ibo aprendió a manejar situaciones nuevas y nosotros a ir un paso por delante: leer la calle, calibrar el riesgo y reaccionar antes de que pase algo.
A estas tierras volveremos con él, sin duda. La próxima vez iremos aún más preparados y con más tablas.
