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El cruce nocturno en ferry de Polonia a Suecia fue el primer capítulo de nuestro recorrido de verano por los países escandinavos y bálticos. Concretamente navegamos desde el puerto de Świnoujście, en Polonia, hasta Trelleborg, en Suecia, con la compañía TT-Line… y, por supuesto, con nuestro perro Ibo.

El plan era sencillo: embarcar por la noche, dormir unas horas y amanecer ya en Suecia. La realidad resultó algo más interesante.

Reserva de última hora

Como el viaje surgió bastante de improviso, reservamos el ferry en el último momento. Aún quedaban plazas a bordo, pero el problema llegó con los camarotes para viajar con perro: estaban agotados.

Decidimos arriesgarnos y conformarnos con pasar unas horas en las zonas comunes del barco. A posteriori podemos decir que no fue la mejor idea.

Camino al puerto de Świnoujście

Salimos de Bratislava a mediodía. Cruzamos Chequia y, por las buenas autopistas polacas, llegamos al anochecer directamente al puerto de Świnoujście.

Está todo bastante bien señalizado, así que enseguida encontramos la fila que nos corresponde. Con nosotros esperan muchos coches, autocaravanas y furgonetas. Falta aproximadamente una hora para la salida.

Ibo asoma curioso por la ventanilla: toca darle un paseo. El entorno es la zona industrial del puerto, con muy poco verde. El ambiente lo ponen el trajín, el ruido y el chillido constante de las gaviotas. Ibo necesita unos minutos para adaptarse; las gaviotas lo mantienen en alerta, pero al poco vemos que lo lleva mejor que nosotros. Al final del paseo ya parece tenerlo bajo control.

No somos los únicos con perro. Otros viajeros también aprovechan los pocos espacios libres. Como punto a favor, hay un baño público cerca. No vemos opciones de comida, pero vamos bien preparados: para estos trayectos Iva siempre nos prepara a conciencia.

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Embarque

Al comprar los billetes online nos informaron de la opción de self check-in, pero en el puerto la realidad es otra. No vemos ningún quiosco, así que hacemos lo que el resto: esperar en la cola.

La fila empieza a avanzar y los coches van embarcando. En el control mostramos los billetes impresos y nos entregan unas tarjetas de embarque provisionales de TT-Line con las indicaciones de dónde aparcar a bordo.

Aparcamos y cogemos lo básico para pasar la noche: dos sacos de dormir pequeños, esterillas, agua y algunos snacks. Ya habíamos cenado antes de embarcar; al fin y al cabo, pasa de medianoche. Más que en la comida, pensamos en dormir.

De momento dejamos a Ibo en el coche, hasta que la situación se calme un poco. A nuestro alrededor hay ruido y caos. Cuando estamos listos, lo sacamos con la correa y subimos por las escaleras al interior del barco.

Buscando sitio para la noche

Hay sorprendentemente mucha gente en las cubiertas. Avanzamos despacio; todo está muy concurrido. Nos cruzamos con más gente con perro, y no falta el clásico cruce de ladridos. Aquí la correa es imprescindible.

Pronto vemos que los mejores rincones de las zonas comunes ya están ocupados. Familias, viajeros solos y quien no tiene camarote han ocupado estratégicamente bancos, huecos junto a las paredes e incluso el rincón infantil.

Encontrar un lugar tranquilo para los tres parece casi imposible.

Al final doy con un pasillo, al fondo de un corredor que lleva a la cubierta exterior. Está fuera del bullicio principal, no molestamos a nadie y nadie nos molesta. A Iva no le entusiasma la elección, pero reconoce que aquí hay más calma que en otros sitios.

El barco se pone en marcha y llega el zumbido conocido de los motores. Para Ibo no es ninguna novedad: ya conoce estos sonidos de nuestros viajes en ferry a las islas croatas, aunque se le nota alerta e intentando ubicarse en el nuevo entorno.

Noche en el pasillo

La comodidad es mínima, pero al menos nadie nos molesta. A mitad de travesía, en el extremo opuesto del pasillo se tumba otra pareja con su perro. Hay un poco de tensión al principio, pero el cansancio se impone y ambos perros se relajan.

Antes de dormir aprovechamos la cubierta cercana para un paseo corto. Al amanecer lo intentamos de nuevo, pero el viento fuerte y el vaivén del barco hacen que estar fuera sea incómodo e incluso peligroso. El paseo tiene que esperar, algo que no ayuda precisamente a nuestra tranquilidad.

Al final superamos la noche, corta e intensa, sin contratiempos. Dormimos algo, pero no puede llamarse una experiencia agradable: más bien una supervivencia improvisada de unas cuantas horas.

Llegada a Suecia

El ferry cumple su cometido y nos deja sanos y salvos en Trelleborg. Algo entumecidos y con sueño, volvemos al coche y esperamos a desembarcar.

Como seguimos dentro de la UE, nadie revisa nuestros documentos ni los de Ibo.

Tras tocar tierra vamos a la primera gasolinera, donde sacamos a Ibo a estirar bien las patas y nos tomamos un desayuno. Nos espera otro día interesante, aunque más bien de descanso: el objetivo principal es recuperar el sueño y recomponernos un poco.

Lo que aprendimos

Esta experiencia nos enseñó que, en los ferris nocturnos, conviene reservar un camarote apto para mascotas, aunque salga más caro.

También notamos que nadie comprobó en detalle si viajábamos con perro o no. En teoría sería posible reservar un camarote normal y dormir en él con el perro. Lo dejamos ahí.

En cualquier caso, el ferry como medio de transporte funciona de maravilla. Lo importante es no subestimar el confort, sobre todo si viajas con perro. El cansancio, el estrés de buscar sitio y el bullicio nocturno a bordo pueden estropear el comienzo del viaje más de lo que imaginas.


Información básica sobre la ruta Świnoujście – Trelleborg

  • Ruta: Świnoujście (Polonia) – Trelleborg (Suecia)
  • Compañía: TT-Line
  • Duración de la travesía: aproximadamente 6 – 7 horas (según la salida)
  • Tipo de servicio: conexiones diurnas y nocturnas
  • Transporte admitido: turismos, autocaravanas, motocicletas, vehículos de carga
  • Camarotes: estándar y aptos para mascotas (número limitado)
  • Viajar con perro: permitido en cubiertas seleccionadas y en camarotes habilitados