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No todos los nervios de volar con perro tienen que ver con los billetes, el transportín o los documentos veterinarios. A veces el problema aparece en el peor momento: literalmente a pocas horas del despegue, cuando sientes que lo importante ya está hecho y solo queda dormir tranquilos la última noche antes del viaje.

Eso fue exactamente lo que nos pasó el día antes de volar de Madrid a Asunción, en Paraguay. En nuestro traslado en coche pasamos la última noche en el pequeño pueblo de Cetina, a menos de 200 kilómetros del aeropuerto de Madrid. Por la noche vimos que Ibo empezó a sacudir la cabeza con fuerza, a rascarse la oreja derecha y a mostrarse inquieto. En ese momento aún no sabíamos si era una simple irritación, una otitis o algo capaz de complicar todo el viaje.

Por la mañana quedó claro que al aeropuerto no iríamos sin pasar por un veterinario. Siguió un trayecto nervioso hacia Madrid, buscando una clínica adecuada en ruta y tomando decisiones que, a pocas horas del vuelo, se hacen cuesta arriba.

La noche antes del vuelo: problema de oído

Tras instalarnos en Cetina y dar un paseo corto, notamos que Ibo sacudía la cabeza muy a menudo y se rascaba la oreja derecha. No era el típico “le pica un momento”: se veía que le molestaba bastante más. Incluso, cuando intentamos revisar la oreja, reaccionó con mucha irritación, algo nada habitual en él.

Cetina es un pueblo muy pequeño y sin apenas servicios: probablemente no había veterinario, y ni siquiera lo buscamos. El cansancio del viaje pesó y nos quedamos dormidos pronto. Pero no fue una noche tranquila: Ibo no conseguía acomodarse por la molestia en la oreja y se notaba que el problema le daba guerra también de madrugada. Empezamos a buscar clínica ya por la mañana, de camino al aeropuerto.

Por la mañana: equipaje, check-out y decisiones rápidas

Por la mañana hicimos las maletas, sacamos a Ibo a pasear, pagamos el alojamiento y pusimos rumbo a Madrid. A lo largo de la A2 había bastantes clínicas, pero al final elegimos la SANIVET Veterinary Clinic en Guadalajara.

Nos decidimos sobre todo por las valoraciones muy positivas y por su cercanía a la autopista A2. Buscábamos una opción que no supusiera un gran desvío ni más estrés. A esas alturas ya no pensábamos si era la clínica ideal de España: necesitábamos a alguien que nos atendiera rápido, con criterio y, a ser posible, en inglés.

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Veterinario cerca de Madrid: clínica SANIVET en Guadalajara

Se puede aparcar prácticamente delante de la propia clínica, que encontramos sin problema gracias al GPS y a la buena señalización en la calle. Al entrar en la sala de espera había dos clientes más con sus mascotas. Al poco se acercó una de las empleadas, pero al ver que nuestro español era como el de un niño de dos años llamó directamente al doctor, que sí hablaba inglés.

Le explicamos brevemente lo que pasaba. Ibo sacó a relucir su carácter de terrier y saludó como es debido al doctor. Resultó que él también había tenido un fox terrier, así que las simpatías fueron mutuas. Esa armonía, sin embargo, se acabó con el primer intento de tocar la oreja: Ibo gruñó igual que la noche anterior con nosotros.

En ese momento quedó claro que el problema era real y no una simple irritación pasajera.

Sospecha de cuerpo extraño en el oído

El doctor no tardó en compartir su hipótesis: habría que sedar a Ibo para ver qué tenía exactamente en la oreja. Desde el principio sospechó de un cuerpo extraño en el conducto auditivo.

Confieso que ahí me eché un poco para atrás. Anestesiar a un perro pocas horas antes de un vuelo largo a Sudamérica no me parecía buena idea, y menos sin haber descartado otras posibles causas de la molestia.

Finalmente acordamos que intentaría explorar la oreja primero sin anestesia. Por desgracia, esa prueba no reveló ninguna causa clara. Solo quedaba mirar más a fondo dentro del conducto, algo que sin anestesia no era posible.

En este tipo de exploración el perro debe estar completamente quieto: no solo para evitar una lucha innecesaria con un animal molesto, sino porque incluso un movimiento mínimo podría dañar las partes más profundas del conducto auditivo o el tímpano.

Anestesia a pocas horas de un vuelo de larga distancia

Así que, al final, aceptamos la anestesia. Ante nuestras dudas, el doctor nos aseguró que el fármaco utilizado no debería afectar negativamente al vuelo previsto.

Aun así, no fue una decisión fácil. Cuando viajas con perro intentas que las últimas horas antes del despegue sean lo más tranquilas posible, sin intervenciones, sin estrés y sin incertidumbre. Aquí, de repente, tocaba justo lo contrario.

Una sorpresa inesperada

Tras administrar la anestesia, Ibo se fue rindiendo poco a poco hasta que, en menos de cinco minutos, dormía profundamente sobre la mesa de exploración. El doctor empezó entonces a examinar las zonas más profundas del conducto auditivo.

Al principio parecía que no encontraba nada fuera de lo normal. La sorpresa llegó unos minutos después, cuando extrajo de la oreja de Ibo la primera parte de una espiga. Y, al minuto, la segunda.

Nos sorprendió, pero también nos tranquilizó. Quedó claro que la intervención tenía sentido y que el problema tenía una causa concreta y eliminable. En ese momento supimos que por fin Ibo iba a aliviarse.

Despertar de la anestesia y salida al aeropuerto

Tras el procedimiento solo quedaba despertar a Ibo. Para ello, la enfermera le inyectó un fármaco en el músculo y el doctor esperaba que despertara en cinco minutos.

Cuando pasaron diez minutos y no se despertaba, nos pusimos algo nerviosos. Siguió otra inyección, pero tampoco hizo milagros. Al final, el “despertar de cinco minutos” se convirtió en un proyecto de unos treinta: aun así, antes de irnos conseguimos que Ibo se pusiera en pie sobre sus cuatro patas.

Rumbo a Madrid, esta vez más tranquilos

Dimos las gracias, pagamos 147 euros por la intervención y subimos al coche rumbo al aeropuerto de Madrid, con el corazón un poco más tranquilo.

Ibo estuvo claramente bajo el efecto de la anestesia durante unas horas más, y por su comportamiento se notaba que, incluso en el momento de la carga en el avión, aún no estaba del todo en sí. Aun así, todo el transporte acabó saliendo bien.

Y eso era, en ese momento, lo más importante.

Qué nos llevamos de esto

Volar con perro es, de por sí, una operación logística exigente y siempre un poco estresante. Precisamente por eso conviene evitar cualquier complicación adicional y, si aun así surge un problema de salud, afrontarlo cuanto antes. Cuanto más se acerca la hora de salida, menos margen queda para una posible recuperación.

En situaciones así es clave dar con el médico adecuado. Nosotros tuvimos suerte: el doctor de la SANIVET Veterinary Clinic en Guadalajara fue un verdadero profesional, supo explicarlo todo muy bien también en inglés y gestionó la situación con una calma que ese día quizá necesitábamos incluso más que Ibo.