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Durante nuestra estancia en Ecuador hicimos de todo: traslados, cascadas, playas, salidas cortas y algo de cultura local. Pero un buen trekking de montaña se nos resistía. Así que, el día antes del vuelo de regreso, nos marcamos un objetivo sencillo: coronar al menos un volcán.

Con buen criterio, elegimos algo simple, sin pasos técnicos ni logística complicada. La elección recae en el Pasochoa, un volcán extinto cerca de Quito. Según las guías en internet, es un destino popular, ideal para la aclimatación previa a ascensos más altos y ambiciosos. Suena bien. Casi un calentamiento perfecto. Pan comido.

La realidad, como pronto descubrimos, suele ser más rica de lo que sugieren las descripciones escuetas de las guías.

Volcán Pasochoa

El Pasochoa alcanza unos 4 200 m s. n. m. y se encuentra en un área protegida célebre por su vegetación excepcional. En sus laderas se mezclan bosque nuboso de montaña, selva andina densa, pastizales y el típico ecosistema de páramo. Gracias a ello, la subida es variada e interesante prácticamente desde los primeros metros.

A primera hora

Salimos temprano. Llegamos en coche al campamento Secret Garden Cotopaxi, donde queremos aparcar. Como no sabemos bien cómo funciona el aparcamiento aquí, dejamos el coche mejor al borde de la carretera, frente al terreno del campamento. Solo nos hacen compañía unas llamas locales.

Tardamos un rato en dar con el inicio correcto del sendero. Tras unos veinte minutos dando vueltas, por fin enlazamos con la ruta correcta. Nuestro altímetro marca 3 450 m s. n. m. y empieza la subida.

Selva densa y subida rápida

El comienzo atraviesa una selva realmente densa. El sendero es estrecho y gana altura a buen ritmo. El aire apenas se mueve y la humedad aprieta. Aunque no hace especialmente calor, sudamos desde los primeros minutos.

Al cabo de una hora, el sendero va saliendo de la selva hacia zonas más abiertas y herbosas. A mano derecha se abren vistas a la ladera de enfrente y a una pequeña cascada en el valle. Es época seca: más que un salto caudaloso, es una fina cinta de agua que resbala por la roca.

Tramo más cómodo y primeros encuentros

Media hora más tarde nos incorporamos a una pista más ancha, probablemente en su día transitable en coche. Este tramo conduce casi hasta el collado de la cresta principal. En comparación con el inicio, es mucho más cómodo y, gracias al terreno abierto, por fin una brisa suave empieza a secarnos.

Poco a poco, la pista nos lleva hasta unos 3 850 m s. n. m.. Allí termina y, de nuevo, se desprende un sendero relativamente estrecho y empinado que sube directo a la cresta. Justo en esta zona nos cruzamos con las primeras personas que bajan de la cumbre. Todos van en sentido contrario: salieron bastante antes que nosotros.

La altura se hace notar

A estas alturas empezamos a notar de verdad el desnivel acumulado. Avanzar exige pausas cada vez más frecuentes. Donde el sendero se une a la cresta hacemos un descanso largo y confiamos en que lo que queda sea más llevadero.

Pero la realidad es otra. Estamos alrededor de los 4 000 m s. n. m. y en los días previos no le habíamos prestado mucha atención a la aclimatación. Ese error empieza a pasarnos factura. Paramos cada vez más a menudo y tampoco ayuda al ánimo ver a más grupos que ya regresan de la cumbre.

Seguimos dudando si continuar o darnos la vuelta. Al final, gana el ego y decidimos seguir. Asoman algunas nubes, pero el viento las deshace enseguida, así que, por ahora, el tiempo acompaña.

La lucha por los últimos metros

Los metros finales son, literalmente, insufribles. Paramos casi cada treinta metros y, aunque ya vemos el objetivo, cada paso cuesta.

Se puede decir que casi reventamos en la subida, pero al final lo conseguimos y nos plantamos en la cumbre. Nos quedamos un buen rato: las vistas lo merecen, el lugar se gana unas tomas con el dron y, sobre todo, nos damos un descanso bien merecido.

El regreso

Al cabo de un rato nos despedimos de la cumbre y regresamos por el mismo camino. El descenso es sencillo y, comparado con la subida, mucho más agradable: casi no hacen falta pausas. Llegamos al coche antes de lo previsto.

Aunque durante la subida lo dudamos varias veces, la ruta salió adelante. Podemos decir que en Ecuador no solo nos lo tomamos con calma: también logramos al menos un ascenso serio a un volcán. Y aunque el Pasochoa, en un país lleno de cumbres mucho más altas, pueda parecer discreto, para nosotros quedará como una experiencia intensa y muy memorable.

Datos básicos de la ruta y del volcán Pasochoa

  • Tipo: volcán extinto
  • Ubicación: al sur de Quito, Ecuador
  • Altitud de la cumbre: aprox. 4 200 m s. n. m.
  • Altitud de inicio de la ruta: aprox. 3 450 m s. n. m.
  • Desnivel: aproximadamente 750 m
  • Tiempo de ascenso: 3–4 horas (según ritmo y aclimatación)
  • Tiempo de descenso: 2–3 horas
  • Dificultad: exigencia física media (por la altitud)
  • Dificultad técnica: baja
  • Tipo de terreno: selva, bosque nuboso, pastizales, páramo
  • Ideal para: aclimatar antes de ascensos más altos