
Nuestra primera visita a Paraguay fue también nuestro primer viaje a Sudamérica. En esta travesía, en la primavera de 2020, además de Paraguay conocimos Ecuador y, de pasada, Panamá. El motivo principal no fue el turismo clásico, sino tramitar mi residencia en el país.
Gestioné todo el proceso a través de la conocida empresa Liberation Travel (https://liberation.travel/), especializada en ayudar a extranjeros a obtener residencia en Paraguay y otros países.
Sinceramente, antes sabíamos muy poco del país. Paraguay era para nosotros uno de esos países que pasan desapercibidos para la mayoría. Y no éramos la excepción.
Eso cambió poco antes de volar. Un chapuzón rápido en mapas, artículos y blogs nos dio una idea básica de adónde íbamos. El equipo de Liberation Travel también nos compartió bastante información, pero aun así viajamos a Paraguay con muchas incógnitas y expectativas bajas.
Llegada a Asunción y arranque rápido
Aterrizamos de madrugada después de un vuelo enrevesado desde Quito, la capital de Ecuador, con escala en Ciudad de Panamá. El cansancio se notaba, pero el programa estaba lleno desde el minuto uno. Teníamos pocos días para Paraguay y, aunque es un país relativamente pequeño, nuestros planes eran ambiciosos.
Si te interesa el aeropuerto de la capital, Asunción, le dedicamos un artículo independiente con más detalle.
Desde el aeropuerto pedimos un taxi, un Uber normal, y sin problemas llegamos al centro y a nuestro alojamiento. Nos sorprendió lo barata que salió la carrera. Tras instalarnos, una siesta brevísima. Sobre las ocho, después de un desayuno potente, me recogió en la recepción del hotel Clara, representante de Liberation Travel en Paraguay. Mientras Iva recuperaba horas de sueño en la habitación, yo salí con Clara a resolver los trámites.
Residencia tramitada en una mañana

El plan fue sorprendentemente eficaz. Fuimos pasando por inmigración, notaría, banco, policía, de vuelta a inmigración… y listo. Sin estrés ni esperas innecesarias. Clara llevó casi todo por mí: sin conocer el proceso y con la barrera del idioma, habría sido imposible hacerlo de otra forma.
Cuando quise darme cuenta, Clara me dijo que lo esencial estaba hecho. Era la hora de comer y yo no salía de mi asombro por lo rápido que había sido todo. Mejor así: nos quedaban unas horas extra para dedicarle a Paraguay.
Primera experiencia gastronómica
El resto del día, pese al éxito matutino, se nos fue entre el cansancio del vuelo. Aun así, teníamos que probar la cocina local. Con la recomendación de Clara elegimos un restaurante cercano. Por el calor y el cansancio, volvimos a movernos en taxi. Otra vez nos hizo gracia lo poco que costaba.
Iba a ser un almuerzo tardío, pero acabó convirtiéndose en una comida de varias horas. Sin hablar el idioma, nos costó un poco entendernos con el camarero, que fue amabilísimo y de paciencia casi divina. Al final pedimos más de lo previsto, pero mereció la pena por la experiencia y los sabores.
Reventados, volvimos en taxi al hotel y nos fuimos directos a la cama. Llenos de comida y vino, y con el cansancio del viaje a cuestas, ese día no dimos para más.
Primeras impresiones de la ciudad
Al día siguiente bajamos el ritmo y nos dedicamos a explorar Asunción. Nos alojábamos en el barrio de Las Lomas, cerca de varios centros comerciales, pero en una zona relativamente tranquila. Tampoco quedaba lejos uno de los barrios más bonitos de la ciudad: Villa Mora.
Asunción mezcla el bullicio y cierto caos tan sudamericano con una fuerte impronta española. La arquitectura, sobre todo en el centro, tiene un aire muy europeo, aunque, a diferencia de las grandes capitales europeas, los edificios modernos aún no dominan el paisaje.
Lo que más nos sorprendió fue lo verde que eran los barrios de nuestro entorno. En especial Villa Mora, tranquila y arbolada. Los muchos parques, grandes y pequeños, completan el conjunto. La combinación de viviendas residenciales y vegetación nos reveló un carácter urbano que hasta entonces no conocíamos.
Ese carácter se aprecia aún mejor desde arriba. Con el dron comprobamos enseguida lo verde que es Asunción. De vez en cuando asoma alguna torre moderna, pero en conjunto la ciudad se siente muy orgánica.
La ciudad ofrece todo lo que puedas necesitar. Hay restaurantes de todo tipo: desde street food barato hasta cafeterías cuidadas y restaurantes caros. La oferta de servicios también está a muy buen nivel.
Visitamos varios centros comerciales, espacios de coworking y supermercados: aquí no falta nada, incluidas numerosas agencias de alquiler de coches, farmacias o clínicas veterinarias.
Hora de salir a la carretera
No somos muy de ciudad, así que al tercer día dejamos Asunción, alquilamos un coche y nos lanzamos a conocer el país. Clara nos dio un truco: aunque oficialmente no se puede salir de Paraguay con un coche de alquiler, Brasil hace una excepción si vas a visitar las cataratas de Iguazú. Decidimos probar.
Conviene decirlo: por la ubicación de Asunción, cerca de la frontera con Argentina, muchas zonas de Paraguay quedan bastante lejos. También las fronteras con Brasil, tras las cuales están las famosas cataratas.
Rumbo a Ciudad del Este
Pusimos rumbo en coche a Ciudad del Este, en la misma frontera con Brasil. Para aprovechar el día, decidimos de camino subir el pico más alto de este país tan llano: el Cerro Tres Kandú. La caminata nos pilló algo desprevenidos, pero al final la completamos. El relato completo de la subida está en este artículo aparte.
La ascensión nos llevó más tiempo del previsto y al atardecer continuamos hacia Ciudad del Este. Para colmo, llegamos justo cuando los transportistas entraban en huelga.
Nos topamos con la autopista bloqueada por camiones y, sin saber bien qué pasaba, nos metimos en el carril libre en sentido contrario y seguimos. A los pocos kilómetros entramos con el coche en medio de una multitud con palos y pancartas.
La escena imponía, pero mantuve la calma, bajé la ventanilla y, sonriendo, repetí: «Tourists. Please, can we go? Thank you!». Para mi sorpresa, funcionó y el grupo nos dejó pasar. Detrás de nosotros se colaron algunos coches más, a los que debió de gustarles la táctica.
Llegamos a Ciudad del Este ya de noche y, esta vez, no vimos nada del lugar más allá del hotel. Por la mañana, camino de Brasil, alcanzamos a ver algunas calles: la ciudad nos pareció bastante sucia y caótica. Un contraste marcado respecto a Asunción.
A Brasil, rumbo a las cataratas de Iguazú

En el momento de nuestra visita, Ciudad del Este y Brasil se unían por un único puente: el Puente Internacional de la Amistad, también conocido como International Friendship Bridge. No nos libramos del típico atasco matutino, pero tras aproximadamente una hora de espera cruzamos a la parte brasileña, a Foz do Iguaçu, puerta de entrada a las cataratas de Iguazú, a unos 20 minutos más en coche. Dos cosas nos sorprendieron: no tuvimos que mostrar ningún documento en la frontera y el lado brasileño se veía impecablemente limpio y organizado. Por momentos, en comparación con Paraguay, parecía una pequeña Suiza.
La visita a las cataratas también está marcada por una organización impecable, desde el aparcamiento hasta los recorridos del parque. Ver Iguazú nos impresionó. Fuimos en época seca y, aun así, uno contempla varios saltos, grandes y pequeños, con una fuerza del agua increíble. Pasamos allí unas dos horas y volvimos por la misma ruta a Ciudad del Este. Como aún nos quedaba día para avanzar, elegimos como siguiente destino Encarnación, en el sur de Paraguay. Por el camino volvimos a toparnos varias veces con manifestantes. La primera, gracias al coche todoterreno, conseguimos rodearlos; la segunda ya no hubo suerte y tocó esperar a que abrieran el paso.

Encarnación

En Encarnación pasamos finalmente solo una noche, pero nos dio tiempo a probar un street food riquísimo con buena cerveza en el paseo junto al río Paraná. Ese malecón nos pareció, de hecho, lo más interesante de la ciudad. Con honestidad: en aquel momento Encarnación no nos enamoró y su hueco en nuestro corazón tardó un año o dos en llegar. En una visita reciente la percibimos distinta y la disfrutamos bastante. También nuestro perro Ibo dio su visto bueno.
Cascada Salto Cristal

Se acercaba la hora de nuestro vuelo de salida, así que tocaba regresar de Encarnación al aeropuerto de Asunción. En el camino hicimos una parada corta en la cascada Salto Cristal. No es, claro, el espectáculo grandioso de Iguazú, pero es un rincón bonito y de acceso relativamente fácil. Aunque nos cayó lluvia, me di un baño bajo la cascada. Al final el tiempo mejoró y aquella pausa se convirtió en un rato agradable de descanso, ideal antes del vuelo. De allí volvimos al aeropuerto, entregamos el coche y tomamos el avión rumbo a Ciudad de Panamá.
Conclusión
Llegamos a Paraguay con poca información, sin grandes expectativas y, además, por poco tiempo. Quizá por eso el país nos sorprendió tanto. En apenas unos días tramitamos la residencia, conocimos Asunción, probamos su gastronomía, cruzamos el país en coche, subimos su cumbre más alta y nos acercamos a las legendarias cataratas de Iguazú.
Nos fuimos llenos de experiencias y con la sensación de haber visto y vivido mucho más de lo que cabría esperar en una visita tan corta. Paraguay dejó de ser un punto desconocido en el mapa para convertirse en un país con el que, poco a poco, fuimos creando un vínculo. Y, como después comprobaríamos, no sería nuestra última visita.
