
Introducción
Llegué a la isla de Mafia en 2016 casi por casualidad. Al principio buscaba vuelos a Zanzíbar, que por entonces ganaba popularidad. Al mismo tiempo, empezaban a circular noticias menos positivas sobre la afluencia extrema de turistas y el carácter cada vez más comercial de Zanzíbar.
Entre los distintos vuelos desde Dar es Salaam apareció un destino con un nombre poco habitual – Mafia Island. Tras una breve investigación, esta isla me pareció la alternativa ideal. Algo parecido a Zanzíbar, pero sin multitudes: menos infraestructura, menos gente, más calma y autenticidad.
Nada más llegar quedó claro que había elegido bien.
Dónde está la isla de Mafia y por qué es distinta de Zanzíbar
La isla de Mafia se encuentra en el océano Índico, frente a la costa de Tanzania, al sur de Zanzíbar. Forma parte de Mafia Island Marine Park, una de las reservas marinas más importantes de la región.
A diferencia de Zanzíbar, aquí no hay grandes resorts ni turismo de masas. La infraestructura es sencilla y por momentos muy básica; la vida fluye despacio y de forma natural, y la naturaleza sigue imponiéndose al turismo. En mi visita sentí que ver turistas era más la excepción que la norma.
La isla solo tiene un pequeño aeropuerto para aviones de hélice, así que la mayoría de vuelos llegan desde Dar es Salaam. No hay vuelos comerciales internacionales directos. En parte por eso la isla ha conservado su carácter tranquilo.
La isla de Mafia es además uno de los pocos lugares del mundo donde, en la época adecuada, se pueden avistar tiburones ballena (whale sharks), lo que la convierte en un destino atractivo para amantes del mundo submarino.
Cómo llegar a la isla de Mafia
Volé desde Viena con Ethiopian Airlines, haciendo escala en Addis Abeba. Al llegar a Dar es Salaam me tocó cambiar de terminal dentro del Aeropuerto Internacional Julius Nyerere.
Las terminales están a pocos kilómetros entre sí. El traslado suele tomar unos 10 a 25 minutos, aunque en hora punta puede alargarse a 30–40 minutos. Lo más sencillo es usar un taxi oficial del aeropuerto, la app Bolt (que funciona bien aquí), Uber o un traslado acordado de antemano.
El vuelo doméstico a la isla de Mafia lo compré por separado online. Se opera con pequeños aviones de hélice y dura aproximadamente 30 a 45 minutos.

Se aterriza en el pequeño aeropuerto de Kilindoni. La pista asfaltada existe solo desde 2013, así que la infraestructura sigue siendo bastante sencilla. El aeropuerto es muy básico: unas cuantas edificaciones y servicios mínimos, en línea con el carácter de la isla. No hubo controles complicados al aterrizar: era un vuelo nacional.
Transporte en la isla
A la llegada me trasladé en un transfer acordado previamente (en coche) hasta la zona de Utende, en el sureste de la isla, frente a las islas de Chole y Juani. Desde la capital, Kilindoni, sale una de las pocas carreteras asfaltadas y prácticamente termina allí. Fuera de ella, las pistas son en su mayoría de tierra y en temporada de lluvias pueden complicarse.
Durante la estancia casi no usé transporte convencional. Me movía sobre todo a pie o en embarcaciones locales tipo dhow.
En la isla también opera un sistema muy sencillo de transporte público: circulan de forma esporádica minibuses (dala dala), pero su fiabilidad y frecuencia son limitadas. Es habitual pactar un trayecto con un conductor local o subirse a una moto.
En Tanzania se conduce por la izquierda, algo a tener en cuenta. En la isla se puede alquilar una moto o un coche sencillo, pero la oferta es muy limitada.
Alojamiento en la isla de Mafia
Me alojé en el Big Blu, que también funciona como centro de buceo. El alojamiento era sencillo pero suficiente: agua caliente, opción de desayunos, comidas y cenas, y el confort básico.
En general la oferta de alojamiento en la isla es bastante reducida, aunque hay varios niveles. Por un lado, guesthouses sencillas y pequeños alojamientos familiares; por otro, eco-lodges más pequeños y algunos resorts boutique. Prácticamente no hay grandes cadenas hoteleras.
Información práctica
La moneda en la isla de Mafia es el chelín tanzano (TZS). Pagar con tarjeta es más bien la excepción, así que conviene llevar efectivo suficiente. Dicho esto, muchos servicios en la isla también se pueden pagar en efectivo en dólares estadounidenses.
Según tu nacionalidad, puede que necesites visado para entrar en Tanzania. Te recomiendo comprobar los requisitos de entrada con suficiente antelación.
Las recomendaciones sanitarias pasan sobre todo por la prevención frente a la malaria (repelente, mosquitera, ropa adecuada y, en su caso, antipalúdicos). La vacuna contra la fiebre amarilla no es obligatoria para quienes llegan directamente desde Europa, pero puede exigirse si vienes de un país donde la fiebre amarilla está presente. Comprueba siempre las condiciones vigentes antes de viajar.
El idioma oficial es el suajili, aunque en las zonas turísticas podrás comunicarte sin problema en inglés.
Los enchufes son de tipo G (estándar británico), así que merece la pena llevar adaptador.
Qué hacer en la isla de Mafia
Buceo y snorkel
El buceo y el snorkel fueron de lo más destacado del viaje. Aquí hice el curso Advanced Open Water y mi pareja de entonces realizó su primer curso de buceo, toda una novedad para ella.
El punto álgido fue la excursión a la duna de arena en medio del mar – Mange Reef. Bucear en esta zona nos regaló una visibilidad excelente y mucha vida marina: no faltaron pequeños tiburones ni tortugas. Tras la inmersión, nos trasladamos directamente a la duna: arena blanca, agua turquesa y un almuerzo preparado allí mismo. Sencillo, pero muy potente. El lugar te hacía sentir como un náufrago del que, eso sí, cuidan bien.

Por los manglares y la marcada marea baja, el snorkel no es ideal directamente desde la playa. Por eso tienen aún más sentido las salidas cortas en barco hasta los arrecifes de coral, donde el agua es más clara y la vida submarina más variada.
Excursiones en barco y islas cercanas
Para mí, las excursiones en barco son de lo mejor que se puede hacer en la isla y sus alrededores. Navegar en una dhow tradicional ya es un plan en sí mismo. El avance es pausado, normalmente sin ruido de motor, empujados solo por el viento. Aquí me crucé por primera vez con las dhows y me conquistaron al instante: son fotogénicas y tienen una atmósfera muy distinta a la de las lanchas modernas.

Desde la zona de Utende se sale sobre todo hacia Chole Bay y a las islas cercanas de Chole y Juani.
Chole transmite calma, por momentos casi abandono: hay ruinas antiguas, manglares y poquísima gente. Juani es aún más agreste y menos visitada, con un contacto más directo con la vida local, muy humilde.
Precisamente en Juani visité una playa donde nacen tortugas marinas. Fue una experiencia tan bonita como dura. Pequeñas tortugas luchando por su vida nada más nacer. Algunas no toman la dirección correcta al salir del nido, y a las que sí lo hacen les acechan cangrejos y gaviotas. La escena la remata la omnipresencia de plásticos que trae el mar. La gente local organiza limpiezas con regularidad, pero el océano devuelve basura una y otra vez en poco tiempo: es una lucha sin fin.

Fotografiar el cielo nocturno
El cielo nocturno fue uno de esos momentos imposibles de olvidar. Con tan poca contaminación lumínica se veía un manto inmenso de estrellas, la Vía Láctea e incluso objetos más lejanos.


Fue aquí donde empezó mi interés por la astrofotografía.
Como extra, viví además un eclipse parcial de Sol.
Visita a las aldeas locales
No me resistí y, durante mi estancia, visité también una aldea cercana. Quería ver cómo viven aquí.
Vida sencilla, casas provisionales, calles sin iluminación por la noche, pero calma y sensación de seguridad. Esas fueron mis primeras impresiones al visitar la aldea, a un paso del resort.
En la taberna del pueblo probé una cerveza local, que entró de maravilla con el calor. Todo parecía como si el tiempo hubiese retrocedido un siglo.
Manglares y mareas
Fue la primera vez que vi manglares. Son árboles y arbustos muy particulares que crecen directamente en agua salada o salobre (una mezcla: ni tan salada como el mar ni dulce como un río) en la franja entre mar y tierra. Tienen unas raíces características que sobresalen del agua y forman un entramado denso que parece ‘en pie’ sobre el agua.
No entendí su auténtica importancia hasta estar allí. No son solo un elemento visual curioso: los manglares protegen de forma natural la costa frente a la erosión, dan refugio a alevines y otros organismos marinos y además actúan como filtro natural del agua.
También merece mención el vaivén de las mareas, que aquí cambia el paisaje de forma muy marcada. Lugares donde por la mañana había mar se convierten por la tarde en llanuras de arena seca, y viceversa. Ese ritmo se siente mucho en la isla y condiciona el día a día: desde el baño hasta el movimiento de las embarcaciones.
Cuándo ir y cuánto tiempo
El mejor momento para visitar la isla de Mafia depende también de lo que quieras hacer.
De junio a octubre se considera ‘temporada seca’. El tiempo es más estable, llueve menos, hay menor humedad y temperaturas más agradables. El mar suele estar más tranquilo, ideal para buceo, snorkel y salidas en barco. La visibilidad bajo el agua suele ser la mejor en estas fechas.
De octubre a marzo hace más calor y humedad, pero tiene una gran ventaja: en ese periodo (especialmente de octubre a febrero) la isla de Mafia es conocida por la presencia de tiburones ballena (whale sharks). Son los peces más grandes del mundo, inofensivos, y verlos o nadar cerca de ellos es de lo más memorable que se puede hacer aquí.
En cambio, la temporada de lluvias intensas (de abril a mayo) puede ser menos apropiada. Las precipitaciones son fuertes, las carreteras se complican y algunas actividades, sobre todo las salidas en barco, se limitan o dejan de operar. La disponibilidad de alojamientos y servicios también suele reducirse en estas fechas.
Fuera de la temporada alta la isla es aún más tranquila de lo habitual, pero hay que contar con un tiempo menos previsible y con que no todo funcione al cien por cien.
Según tus planes, te recomiendo pasar en la isla al menos una semana. Para mí, lo ideal es quedarse dos: tendrás mucho más margen, a ritmo pausado, para conocer también las islas vecinas y, si te animas, zonas más remotas como el faro en el extremo norte, Ras Mkumbi Lighthouse.
Conclusión
Para mí, la isla de Mafia fue uno de esos lugares donde entiendes de verdad qué significa viajar fuera de las rutas más trilladas.
Aquí hubo momentos potentes de sobra: buceo con gran visibilidad y mucha vida marina; navegaciones lentas en dhow entre islas; o un cielo nocturno cuajado de estrellas como no había visto antes.
Lo que, sin embargo, hace especial a esta isla es su calma. Relativamente pocos visitantes, poco ruido y la sensación de que las cosas fluyen de manera natural, sin la presión por rendir ni por coleccionar experiencias ‘por encargo’.
Además, me sentí seguro. La gente local transmite tranquilidad, cercanía y nada de insistencia. Incluso con recursos modestos, aquí reina un equilibrio particular que no siempre es fácil encontrar en otros lugares.
Aún no he visitado Zanzíbar, pero confío en que algún día llegue esa comparación con la isla de Mafia. Y, siendo sincero, ya me hago una idea de cómo podría salir.
