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Tras varios días centrados casi por completo en la naturaleza, nos permitimos dormir un poco más y no ponemos rumbo en coche a Ålesund hasta la tarde. No planeamos una visita urbana detallada: es más bien una parada breve para romper el ritmo del road trip, hasta ahora dedicado por completo a la naturaleza.

La ciudad que resurgió de las cenizas

Ålesund es una de las ciudades más interesantes del oeste de Noruega, sobre todo por su arquitectura. Esta es consecuencia directa de un suceso dramático en 1904, cuando un gran incendio destruyó casi todo el casco histórico. La posterior reconstrucción se llevó a cabo en estilo art nouveau, entonces de plena actualidad, y dio a Ålesund su aspecto actual.

Gracias a esa reconstrucción uniforme, hoy Ålesund se considera uno de los conjuntos de arquitectura art nouveau mejor conservados de Europa. La ciudad tiene aproximadamente 55 000 habitantes y, además del turismo, desempeña un papel clave como centro regional de pesca, transporte marítimo y procesamiento de productos del mar. También es la puerta de entrada a Sunnmøre, y los fiordos de los alrededores la convierten en un punto de partida natural para continuar el viaje.

En el parque municipal

Empezamos nuestra breve visita paseando a Iba por el parque municipal Byparken. Es pequeño, pero muy agradable: hay un área de juegos, pequeños estanques, bancos y senderos cuidados. Todo transmite ese aire tan nórdico: limpio, funcional y sin alardes.

Desde Byparken arrancan también las célebres escaleras hacia el cercano monte Aksla, uno de los principales miradores sobre la ciudad.

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Subida al monte Aksla

Subimos por las escaleras al monte Aksla, desde donde se abre una de las mejores panorámicas de Ålesund, de sus islas y del mar. Con tanta gente y lo estrecho de la escalera, llevamos a Iba con la correa durante toda la subida y la bajada. La ruta es corta, pero bastante concurrida.

La cima del Aksla podría ser un mirador perfecto si no fuera por el edificio del restaurante Fjellstua. Además de recortar las vistas, durante nuestra visita estaba cerrado. Una pena que una construcción tan llamativa ocupe justo un lugar que merecería un espacio lo más abierto posible.

El puente Hellebrua y los canales del centro

De vuelta al centro, seguimos hacia el puente Hellebrua. Por el camino nos empapamos del ambiente de Ålesund y de su arquitectura característica, con torrecillas, ornamentos y fachadas de colores.

Desde el puente Hellebrua se disfruta de una bonita vista de uno de los canales que cruzan el centro y dividen los distintos barrios. Estos canales son una de las razones por las que Ålesund se compara a menudo con una pequeña Venecia nórdica.

En el paseo marítimo también están las conocidas escaleras de piedra que descienden hasta el agua. Es un lugar popular para sentarse, descansar y observar la vida de la ciudad, además de una de las estampas icónicas de Ålesund, frecuente en fotos y postales.

Renovación al estilo noruego

De camino de vuelta al coche pasamos por una zona que está en obras. Están renovando los espacios públicos y los edificios con ese enfoque tan noruego: prioridad a la funcionalidad, la calidad y el confort.

No falta la calefacción bajo las aceras, pensada para evitar la formación de hielo y nieve en los meses de invierno. Otro detalle que demuestra hasta qué punto aquí se piensa en la comodidad cotidiana de los habitantes.

Una parada breve, pero agradable

Nuestra visita a Ålesund fue corta, pero no por ello menos agradable. La ciudad ofrece un contraste interesante con la naturaleza que habíamos estado disfrutando en Noruega, y además se recorre muy bien incluso viajando con perro.

Como parada urbana dentro de un road trip, Ålesund funciona muy bien: sin estrés, con buenas vistas y con una identidad clara que no es fácil de encontrar en otros lugares de Noruega.