
Mostar fue la primera ciudad de Bosnia y Herzegovina que conocí de joven. Me atrapó de inmediato por su singularidad, su historia turbulenta y ese cruce de culturas y religiones que se siente en cada esquina. También merece una mención la ruta de acceso desde el norte, que atraviesa el cañón del río Neretva: un paisaje que, por sí solo, justifica una parada.
No fue sorpresa que, durante nuestro viaje por los Balcanes en el verano de 2023, al pasar de Montenegro a Croacia, eligiéramos Mostar para pasar la noche. Iva aún no conocía la ciudad, aunque llevaba tiempo soñando con ella. Quizá por esa imagen un tanto mística del Puente Viejo que tiempo atrás colgaba en mi habitación.
Llegamos a Mostar con nuestro perro Ibo y teníamos curiosidad por ver cómo encajarían el uno con la otra.
Alojamiento en Mostar con perro: Villa Floris en Podhum
Nos alojamos en el barrio de Podhum. En concreto, en la Villa Floris: un alojamiento sencillo, limpio y moderno, oficialmente dog friendly.
Incluso tenía un bonito jardín. Paradójicamente, en ese mismo jardín estaba prohibido sacar al perro. Así que lo atravesábamos rápido y, por un arroyito cercano, íbamos directos a la zona residencial, donde había infinidad de lugares para pasearlo.
La ventaja fue que se podía llegar al centro a pie. El coche se quedó aparcado y nos acercamos cómodamente al casco histórico.
Ruta corta al Hum y al Milenijski križ
Desde el barrio de Podhum se puede hacer una subida corta pero interesante al monte Hum, que se alza sobre la ciudad. Allí está el Milenijski križ (la ‘Cruz del Milenio’), uno de los símbolos contemporáneos de Mostar, visible desde casi cualquier rincón.
La ruta no es larga, pero en verano puede hacerse dura por las altas temperaturas y la falta de sombra. Mejor salir temprano o al atardecer y llevar suficiente agua, también para el perro.
Las vistas desde el Hum merecen la pena. A tus pies se extiende todo Mostar, el Neretva serpentea por la ciudad y, a lo lejos, se adivinan las colinas de Herzegovina. Si te alojas en Podhum, es un plan estupendo para variar sin tener que mover el coche.
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Paseos vespertinos por la ciudad
Mostar es de las ciudades más calurosas de la región y en verano supera con facilidad los 35 °C. Por eso dejamos lo esencial del recorrido para la tarde-noche.
En las zonas más concurridas llevábamos siempre a Ibo con correa. Aun así, pudimos entrar prácticamente a todas partes: restaurantes y muchas de las tiendecitas que bordean las callejuelas del casco antiguo. Souvenirs, tabaco, helados, ropa… tienda tras tienda, el ambiente es vivo pero no agobiante.
Aunque fuimos en plena temporada, no había tanta gente en las calles como para que pasear con perro resultara incómodo. La mayor concentración de turistas estaba, como es lógico, junto al Puente Viejo.
Stari Most y el río Neretva
En el puente hicimos un par de fotos rápidas y preferimos perdernos por calles menos transitadas. Al fin y al cabo, el puente interesa más a la gente que al perro.
El Stari Most es, sin duda, el emblema de la ciudad. Un arco de piedra del siglo XVI, destruido durante la guerra y reconstruido después, que hoy se alza como símbolo de renacimiento.
Para un perro, subir al puente puede ser algo complicado: la piedra es lisa y en algunos tramos, resbaladiza. Mejor extremar la precaución.
A Ibo le gustó mucho más la zona bajo el puente, a orillas del Neretva. Allí encontró su sitio y, cómo no, se dio un buen chapuzón. Si planeas algo parecido, busca orillas tranquilas: el río es bastante bravo en muchos puntos y no en todos es seguro que el perro se bañe.
Cena con vistas al puente
Lo mejor de la noche fue cenar en uno de los restaurantes con vistas directas al Stari Most. El camarero vio enseguida que íbamos con perro y nos acomodó en la zona más tranquila de la terraza, con una panorámica perfecta del río y el puente.
Comida sencilla pero sabrosa, de estilo balcánico, acompañada de un buen vino local: puso el broche perfecto a la velada. Para Ibo, la terraza estaba más tranquila que las calles. Algún que otro gato llamó su atención, pero, cansado tras todo el día, pronto se tumbó a descansar.
La mañana en Mostar

Por la mañana nos permitimos dormir un poco más y desayunamos en la azotea de nuestro alojamiento. Se abría ante nosotros la parte más moderna de la ciudad, en claro contraste con el casco histórico.
Después del desayuno no me resistí a echar a volar el dron. Aún no tenía tomas aéreas de Mostar, así que era el momento perfecto para remediarlo.
Mostar con perro: ¿se puede?
Mostar es, sin duda, un icono de la región y tiene una atmósfera única. Quizá no sea el destino más típico para viajar con perro, pero se puede hacer sin grandes complicaciones.
Si planificas los paseos fuera de las horas de más calor, respetas el bullicio del centro turístico y le das al perro tiempo para descansar, todos disfrutaréis de Mostar.
Para mí fue un regreso a una ciudad que me conquistó hace años. Esta vez la vivimos de otra manera: más tranquila, más pausada y con Ibo a nuestro lado.
