
El simple hecho de viajar con un perro – llevarlo contigo de vacaciones o de excursión – supone un gran cambio en la vida tanto tuya como de tu perro. Muchos propietarios con el tiempo descubren que tener al perro en los viajes no es tan problemático e incluso aporta numerosas ventajas.
Sin embargo, el momento mágico se da cuando llega el turno de volar. El propio vuelo ya es estresante para muchas personas. Volar con perro suele quedar apartado – sin que los propietarios sepan todo lo que implica ni cómo resolver los problemas que puedan surgir.
Este artículo no fue escrito para disuadirte de volar con tu mascota. Todo lo contrario. Tiene que prepararte, advertirte sobre nuevas obligaciones y evitar que te pille desprevenido. Creemos que ayudará a muchos de ustedes a ajustar las expectativas correctamente y a afrontar el mundo de volar con perro con más confianza.
Para que tengan una idea más clara de lo que les espera, hemos preparado un resumen de las áreas principales que deberá afrontar todo propietario de perro si decide el transporte aéreo. Nos basamos en nuestras propias experiencias. Algunos de estos temas son puramente prácticos, otros financieros y otros se refieren a la psicología tanto del propietario como del perro. En conjunto, crean una visión realista de lo que volar con perro significa realmente.
Índice
Adiestramiento y manejo del estrés
No todos los perros están automáticamente preparados para volar. Viajar requiere la capacidad de permanecer tranquilo en la transportín, soportar el ruido y un entorno desconocido, tolerar la manipulación por personas ajenas y pasar cierto tiempo sin contacto directo con el propietario. Si el perro no tolera estas situaciones, es necesario entrenarlo de forma sistemática. Acostumbrarse a la transportín debe comenzar semanas o meses antes del vuelo. Para perros más sensibles, volar puede ser extremadamente estresante, por lo que es importante valorar si este modo de viajar es adecuado para ellos.
Cuidados de salud más frecuentes y detallados
En la vida cotidiana en casa suele ser suficiente la atención veterinaria básica. Al volar, sin embargo, las exigencias se endurecen. El propietario debe ocuparse de las vacunaciones vigentes, especialmente la antirrábica, la identificación por microchip, controles regulares del estado de salud, certificados de aptitud para el transporte y, en muchos casos, tratamientos antiparasitarios según el país de destino. Algunos países exigen pruebas específicas o certificados expedidos en un intervalo de tiempo concreto antes de la salida. Esto significa más visitas al veterinario, una preparación cuidadosa y una planificación precisa.
Administración y documentación sanitaria
Volar implica también mucha más administración. Tendrás que gestionar el pasaporte para mascotas o el certificado veterinario oficial, las condiciones de exportación e importación del país concreto, posiblemente traducciones oficiales de documentos y la comunicación con la aerolínea incluyendo la confirmación de plaza para el perro. La administración suele consumir tiempo y requiere minuciosidad. Un error en la fecha, una firma que falta o un documento incorrectamente expedido pueden significar la denegación de embarque.
En nuestro sitio ofrecemos varias experiencias reales sobre los requisitos veterinarios al entrar con perro a distintos países. Los encontrarás en la categoría Con perro a través de fronteras.
Costes más altos
Volar con perro no es barato y es prudente tenerlo en cuenta desde el principio. Además del billete para ti, pagarás también la tarifa de transporte del perro, que puede variar desde decenas hasta cientos de euros por un tramo de vuelo dependiendo de la compañía y del tipo de transporte. A eso se suman los gastos veterinarios, pruebas, certificados, posibles traducciones de documentos y la compra de una transportín de calidad. Si necesitas una conexión sin escalas, el propio billete puede ser más caro. En algunos casos el total por viajar con perro puede ascender a cientos e incluso miles de euros.
Equipo nuevo
Un simple collar y correa no bastan. Necesitarás una transportín certificada – ya sea para la cabina, o para la bodega – que cumpla los requisitos de la aerolínea. Son prácticos las almohadillas absorbentes, un dispensador de agua, etiquetas de identificación con tu contacto y, en algunos casos, ayudas recomendadas por el veterinario para reducir el estrés. Elegir el equipo adecuado es clave para la seguridad y el confort del perro y no debe subestimarse.
Estrés – para el perro y para el propietario
Los primeros vuelos son mentalmente exigentes. El propietario afronta la incertidumbre de si el perro podrá soportar el vuelo sin problemas, si llegará a destino a tiempo y si ha cumplido todas las condiciones administrativas. El perro, por su parte, se enfrenta a un entorno nuevo, el ruido del aeropuerto y la posible separación del propietario. Aunque la mayoría de los vuelos transcurran sin complicaciones, la preparación mental es tan importante como la logística.
Nunca olvidaremos nuestro primer vuelo con Ibo. Intentamos que todo estuviera preparado al cien por cien, hablamos con cierto nerviosismo con el personal del aeropuerto y al aterrizar esperábamos con tensión a ver si Ibo llegaba bien. Al final descubrimos que nosotros estábamos más estresados que nuestro perro.
Responsabilidad adicional
Volar con perro implica mayor planificación. Es necesario pensar en conexiones adecuadas y márgenes de tiempo suficientes, vigilar las condiciones climáticas, ya que las temperaturas extremas pueden impedir el transporte, comprobar la disponibilidad de atención veterinaria en el destino y asegurar alojamiento que acepte perros. Viajar así se convierte en un proyecto más complejo que requiere más preparación que unas vacaciones normales sin perro.
¿Es para todos?
No todos los perros son aptos para volar. Algunas razas, especialmente las braquicéfalas, tienen restricciones en el transporte. Los perros mayores o con problemas de salud pueden tolerar peor el vuelo.
La decisión de volar con un perro debe ser siempre el resultado de una reflexión responsable – no de una decisión impulsiva – y, preferiblemente, tras consultar con su veterinario.
Conclusión
Volar con perro no es imposible, pero tampoco es algo espontáneo que puedas organizar en una semana.
Requiere planificación, inversión, paciencia y disposición a asumir una mayor responsabilidad. Por otro lado, te permite compartir experiencias de viaje también con el miembro cuadrúpedo de la familia. Si te decides a dar este paso, pronto descubrirás que no estás solo. En los aeropuertos encontrarás regularmente a otros entusiastas exactamente como tú.
Si estás considerando el primer vuelo con tu perro, comienza la preparación con suficiente antelación. Y si no estás seguro, estaremos encantados de ayudarte con los preparativos.
