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El plan era sencillo: subirnos a las bicis de montaña, llevar con nosotros a Ibo y salir desde Sološnica hacia una discreta cresta sobre Čertova dolina que nos había llamado la atención en el mapa. Sin grandes ambiciones ni presión por alcanzar la cima; solo ver qué ofrecía aquel lugar. Al final, aquello se convirtió en una ascensión inesperadamente exigente hasta la cumbre de Vápenná. Nos aguardaban condiciones que, en un principio, no habíamos previsto.


Vápenná, NPR Roštún, Čertova dolina y Orlia skala

Vápenná (752 m s. n. m.) figura entre las cumbres más destacadas del sector norte de los Pequeños Cárpatos, en el oeste de Eslovaquia. Es conocida sobre todo por su relieve kárstico: afloramientos de caliza, laderas empinadas y crestas abiertas con vistas amplias.

Toda la zona forma parte de la Reserva Natural Nacional Roštún, que protege precisamente estos fenómenos kársticos, las ciudades rocosas, la vegetación xerófila y especies vegetales valiosas.

Čertova dolina es una de las vías de acceso menos transitadas al macizo de Vápenná. Un valle estrecho y por momentos salvaje, que ha conservado un carácter más natural que los itinerarios turísticos principales.

Sobre el valle se alza una cresta discreta pero muy interesante, con formaciones rocosas. La más llamativa es Orlia skala: un bloque aislado que se eleva sobre el terreno y ofrece vistas del bosque y de las colinas cercanas. Esa cresta era, de hecho, nuestro objetivo inicial.

Moverse fuera de los senderos señalizados aquí exige mucha responsabilidad. Es un área protegida y hay que respetar tanto la naturaleza como la normativa vigente. En nuestro recorrido, por momentos nos apartamos de los senderos marcados; decidirse por un itinerario similar es responsabilidad de cada cual.

Inicio en Sološnica

Partimos del pueblo de Sološnica, concretamente del aparcamiento al final de la calle Slanisko. Desde allí nos incorporamos al sendero señalizado en verde, que conduce hacia la zona conocida como Obora.

Aquí dejamos la marca y seguimos en travesía por los prados bajo el macizo de Vápenná. Este tramo resulta sorprendentemente agradable: terreno abierto, prácticamente llano y primeras vistas del paisaje. A la izquierda quedan las cercanas Sološnica y Plavecké Podhradie; a la derecha, los bosques que caen del macizo de Vápenná.

Poco a poco alcanzamos el manantial U klena, donde enlazamos con un camino agrícola. Gira a la derecha y, a los pocos metros, estamos en la entrada de Čertova dolina.

La cresta sobre Čertova dolina

Čertova dolina es un objetivo interesante por sí mismo, pero optamos por una alternativa menos evidente: el sendero de su margen izquierda.

La senda remonta una cresta estrecha que se eleva con fuerza por encima del valle. En esta parte empujamos más las bicis de lo que pedaleamos. El terreno es empinado, roto y técnico. A Ibo, sin embargo, se le ve encantado.

Tras unos cientos de metros la pendiente por fin afloja y nos situamos decenas de metros por encima del fondo del valle. La cresta empieza a recordar a otras zonas kársticas de los Pequeños Cárpatos, como Klokoč o Kršlenica.

Arbolado bajo, terreno abierto, loma herbosa y, poco a poco, pequeñas formaciones rocosas. La más llamativa es Orlia skala, que sobresale con claridad. Aquí hacemos una breve pausa, recuperamos fuerzas y fotografiamos el entorno.

Esta sección es de lo más bonito de toda la salida. La cresta abierta ofrece vistas de los bosques bajo Vápenná y, al mismo tiempo, deja entrever lo que nos espera si decidimos subir hasta la cima. Aunque estamos a finales de marzo, las cotas altas siguen cubiertas de nieve. Está claro que no será fácil. Aun así, allá vamos.

Enlace con la marca amarilla y condiciones invernales

Tras un corto tramo por la cresta enlazamos con la marca amarilla. Discurre por una amplia pista forestal que, aun así, mantiene una buena pendiente. La subida continúa hasta el cruce Pod Vápennou.

Y aquí las condiciones cambian de golpe. Aumenta la nieve, el firme está resbaladizo y montar en bici deja de ser viable. Lo que hasta entonces aún se podía pedalear a ratos se convierte en puro empuje. No nos entusiasma.

Ibo, en cambio, corre como loco sobre la nieve. Siempre ha sido su elemento favorito.

El tramo más duro de la subida

Cuando parece que ya no puede ir a peor, llega lo más exigente: un tramo de unos 300 metros en el que el sendero atraviesa una zona llena de árboles caídos. Trepar, cargar con las bicis, nieve profunda.

Es justo el momento en que uno piensa que dar la vuelta tendría sentido. Pero somos lo bastante tozudos y no lo hacemos.

A la cumbre

Tras el esfuerzo, por fin alcanzamos el cruce Pod Vápennou.

Desde aquí la cima queda a un paso. Probablemente es donde más nieve hay en toda la ruta, pero el objetivo ya está a la vista. Los últimos metros los hacemos más por fuerza de voluntad que por técnica. Nos cruzamos con algunos senderistas que nos miran con cierta perplejidad. Las bicis no son una estampa habitual en estas condiciones.

La recompensa son las vistas desde la cumbre sobre gran parte de los Pequeños Cárpatos. El sol se oculta tras las nubes, pero la visibilidad sigue siendo buena. A estas alturas del año, sin embargo, arriba las condiciones son duras: viento y frío que no invitan a quedarse. Tras una breve pausa, iniciamos el regreso.

Bajada de regreso a Sološnica

El descenso es directo. Por el sendero nevado regresamos al cruce y, después, enlazamos con la marca verde, por la que, por fin, vamos más sobre las bicis que a su lado.

Rodar sobre nieve exige concentración y es más exigente físicamente, pero nos encanta. Poco a poco, a medida que perdemos altura, la nieve desaparece y la sustituye el barro.

La marca verde nos devuelve directamente al aparcamiento donde empezamos.

Resumen de la ruta

Aunque empujamos las bicis buena parte del recorrido, la salida tuvo su encanto. Descubrimos una cresta preciosa y muy fotogénica sobre Čertova dolina que merece la visita incluso sin la ambición de llegar a la cima de Vápenná.

Las condiciones invernales en Vápenná pusieron a prueba tanto nuestra forma como el equipo.

¿Y Ibo? Probablemente el que más lo disfrutó. Al final de la ruta sube al coche satisfecho y, tras unos minutos de carretera, se queda dormido. Siempre es el mejor indicador de que ha merecido la pena.

Y como suele ocurrir, rematamos la salida en un restaurante cercano. Paramos en U Radky, en el pueblo de Kuchyňa.

A primera vista no parece muy apto para perros, sobre todo por la pegatina con un perro tachado en la puerta. Tras una breve conversación con el dueño nos dejaron pasar, con Ibo, y disfrutamos de un almuerzo estupendo. Después de un día así sienta bien todo: comida caliente, cerveza de barril y un rato de calma en un local agradable. Muy recomendable.


Información práctica

Longitud del circuito: 8,1 km
Desnivel: 474 m
Tipo: ciclismo de montaña
Dificultad: media (alta en condiciones invernales)
Apto para perro: sí, pero con un perro en forma (tramos empinados; nieve en invierno)
Época: ideal primavera – otoño (en invierno, mucho más exigente)
Equipo: suficiente agua, calzado resistente, ropa de abrigo