Describirnos en unas pocas frases no es nada fácil, pero lo intentaré…

Dos ex ejecutivos corporativos quemados, que se conocieron al inicio de la covid. Boris estaba cumpliendo su sueño y compró un restaurante en el centro de Bratislava. Yo tenía una pausa entre trabajos, había regresado de la India de un ashram y me preguntaba qué hacer a continuación. Ambos habíamos viajado bastante, cada uno a su manera: Boris de forma aventurera, con buceo y esquí extremo; yo más tranquila y con yoga. La covid nos recortó un poco las alas, pero no nos rendimos. Durante la covid, gracias a Boris, descubrí las montañas eslovacas y en cuanto se pudo viajar al extranjero, hicimos las maletas.

Nuestro primer gran viaje fue Ecuador, Panamá, Paraguay y Brasil: allí comenzó nuestra historia de amor con Sudamérica, que aún continúa…
¿Y de dónde salió IBO en todo esto, nuestro foxterrier? Siempre quise un perro y soñaba con una vizsla húngara. La familia de Boris, en cambio, tenía generaciones de foxterriers. Durante la covid cuidábamos a menudo a la perra Dashi, de su madre, que nos acompañó por buena parte de las montañas eslovacas. Poco a poco, y también gracias al estilo de teletrabajo, me di cuenta de que era el momento ideal para tener un perro propio. Y así llegó IBO (casi una vizsla, pero de todas formas 100 % foxterrier). Cuando fui a ver los cachorros, enseguida se subió encima de mí sin parar y no dejó de insistir: estaba decidido… Con su típica personalidad «foxy» nos complementa de maravilla y no lo cambiaríamos por nada. Es nuestro compañero de vida y de viajes. 🐾

Viaja con nosotros desde pequeño a casi todas partes. En casa lo dejábamos solo únicamente cuando volábamos en avión. La separación siempre fue difícil para nosotros: pensamientos interminables sobre cómo estaría, qué estaría haciendo, si le echábamos de menos… Así que dijimos basta. Nuestros viajes tomaron una dirección clara: irá con nosotros a todas partes, incluso en avión. Y fue una de las mejores decisiones 🙂.



