
Viajar con el perro en coche es hoy algo completamente natural para nosotros. Sin embargo, no fue así desde el principio. Al igual que con la mayoría de las cosas relacionadas con el perro, aquí también quedó demostrado que lo más importante es la paciencia, la habituación gradual y la capacidad de adaptarse al perro en concreto. Nuestro Ibo hoy maneja los desplazamientos largos sin problemas, pero el camino hasta esto pasó por numerosas salidas más cortas, intentos, errores y la búsqueda progresiva de lo que mejor funciona para él —y para nosotros—.
Adaptación gradual al coche
En nuestro caso también fue así: los comienzos fueron prudentes. Viajes cortos por la ciudad, excursiones al bosque cercano o a un lugar donde le esperaba un paseo fueron la manera ideal de que Ibo empezara a asociar el coche con algo positivo. Progresivamente alargamos los trayectos y hoy en día no le supone problema ni un desplazamiento de varias horas.
Fue importante no tener prisa. Primero solo subirse al coche y permanecer sentado un rato, después un viaje corto y solo más tarde trayectos más largos. Gracias a eso, hoy en día no percibe viajar en coche como una fuente de estrés, sino como una parte natural de nuestra vida en común.
Cómo aseguramos la seguridad durante la conducción
La seguridad del perro en el coche es un tema ineludible. Aunque admitimos que a veces incumplimos la regla y, en traslados muy cortos dentro de la ciudad, llevamos al perro sin ningún elemento de seguridad, nunca nos deja una buena sensación. Esa sensación es para nosotros una señal clara de que no es una solución sensata.
En desplazamientos largos, asegurar al perro es algo absolutamente imprescindible para nosotros.
Protector textil para el coche
Lo que más solemos usar es un protector textil en los asientos traseros. Es práctico, protege el interior del coche y al mismo tiempo crea para Ibo un espacio claramente delimitado en el que se siente cómodo. El protector está sujeto a los asientos y además permite enganchar al perro al arnés.
Esta solución nos ha funcionado especialmente en road trips y desplazamientos largos, donde Ibo pasa la mayor parte del tiempo tumbado tranquilamente o atento a lo que ocurre a su alrededor.
Entre las ventajas de esta solución valoramos sobre todo el bajo peso y la facilidad de plegado del protector. Su mantenimiento también es muy sencillo: de vez en cuando basta sacarlo del coche y lavarlo en la lavadora. Quizá lo que más nos gusta de esta solución es la posibilidad de mantener el contacto con el perro durante el viaje. Tenemos a Ibo como pasajero siempre bajo control y podemos reaccionar rápidamente ante cualquier problema.
Existen también soluciones similares diseñadas para colocarse en el maletero de coches tipo familiar (kombi). Muchos modelos de protectores son además modulares y se pueden ajustar de distintas maneras: por ejemplo, reducirse a la mitad o dividirse con un separador en dos partes, lo que permite transportar a dos perros sin que tengan que pelear por su espacio.
Transportín

Utilizamos el transportín de forma intensiva sobre todo en el periodo en que acostumbrábamos a Ibo a la jaula. No se trataba solo de viajar en coche, sino también de prepararlo para volar, donde el transportín es imprescindible en su caso.
Gracias a ello hoy en día no percibe el transportín de forma negativa y lo considera su espacio seguro. Aunque ahora lo usamos menos en el coche, en ciertas situaciones —por ejemplo en desplazamientos muy largos— sigue teniendo su papel.
La ventaja indiscutible del transportín es su seguridad. Un perro transportado en coche de esta manera tiene su propia «fortaleza», que en caso de accidente es impagable. Sin embargo, también tiene su inconveniente: el transportín es grande y pesado y en desplazamientos largos a menudo nos resulta más una molestia. Hay que contar con él durante todo el tiempo de las vacaciones.
Equipo que llevamos con nosotros
Para los viajes largos siempre llevamos para Ibo un equipo básico sin el que no saldríamos de viaje.
Lo imprescindible es:
- suficiente agua y su cuenco de viaje,
- pienso o premios,
- collar, arnés y correa para paseos durante las paradas,
- collar luminoso,
- colchoneta (idealmente absorbente) o manta,
- bolsas para excrementos, o en su caso toallitas húmedas.
Para que no se aburra durante el viaje, le ponemos en la cesta también su juguete favorito. Incluso un detalle así puede hacer que un viaje largo sea mucho más tranquilo.
Mareos durante el viaje
También pasamos por una etapa en la que Ibo no soportaba del todo bien los viajes en coche. Las náuseas, la salivación o la inquietud no son nada excepcional en los perros, sobre todo en edades jóvenes.
A nosotros nos funcionaron varias pautas sencillas: no darle de comer al perro justo antes de salir, conducir de forma suave y hacer paradas regulares. Con la experiencia los problemas fueron desapareciendo y hoy en día prácticamente no tenemos que lidiar con las náuseas.
Si los problemas persistieran, sin duda merece la pena consultar al veterinario.
Perro en el coche sin supervisión: un error frecuente y peligroso
En este punto nos parece importante advertir sobre un error bastante común que vemos no solo en carretera, sino también en aparcamientos. Se trata de dejar al perro en el coche sin supervisión.
Aunque pueda parecer que se trata solo de una parada breve, los riesgos son varios. El perro puede ponerse nervioso y estresarse sin la presencia del dueño, lo que puede manifestarse en lloriqueos, intentos de salir de la cesta o comportamientos imprevisibles.
Otro gran riesgo es el cambio incontrolado de la temperatura en el coche. En los días de calor veraniego, pero también en días fríos con sol directo, la temperatura en el interior puede cambiar muy rápido. En situaciones extremas —tanto de calor como de frío— esto puede ser literalmente fatal para el perro.
Por último, hay que pensar también que un perro sin supervisión puede salir de la cesta y acceder a otras partes del interior del coche, donde corre el riesgo de sufrir lesiones o de dañar el equipamiento del vehículo.
Cuando sea aunque sea un poco posible, no dejamos al perro en el coche sin vigilancia. Y si ocurre una situación así, debe tratarse de un caso absolutamente excepcional y de muy corta duración.
Conclusión
Viajar con el perro en coche es hoy para nosotros una parte natural de la vida. No siempre es perfecto y a veces hacemos compromisos, pero la experiencia a largo plazo nos ha enseñado que la seguridad y el bienestar del perro deben estar siempre en primer lugar.
Si el perro se acostumbra al coche de forma gradual, tiene su propio espacio y se siente cómodo, viajar dejará de ser estrés y se convertirá en un tiempo compartido que ambos podrán disfrutar.
